Tres películas y un síntoma: Crítica de "Wicked: For Good", "Alpha" y "No Other Choice".




No Other Choice (Park Chan-wook, 2025)

Park grababa las llamadas telefónicas en Decision to Leave con todo un sistema visual bastante creativo e ingenioso [Foto 1]. En No Other Choice decide enfocar mediante primeros planos las pantallas de los móviles [Foto 2]. Tal vez esto baste y resuma para entender un poco la hollywoodificación por la que parecen decantarse los coreanos en este último año —a excepción del bueno de Hong, claro está—: Lo veíamos a comienzos con el Mickey 18 de Bong, y cerramos el ciclo con esta otra donde una familia se entristece tras la noticia de que tendrán que cancelar su suscripción a Netflix.

Lo cierto es que aquí lo único inteligente es haber sabido entender qué mecanismo logró activar el cineasta de Parásitos para que aquella o Memories of Murder funcionasen tanto para la taquilla como para la academia, que lleva años huyendo de Park, por lo que ha querido dar un sprint a ver si capta su atención: "Si utilizamos toda esa crítica capitalista barata y la mezclamos con algunos truquitos visuales llamativos y un humor facilón, todo debería salir bien... ¡Ah! ¡Espera! Dejemos un toque de Von Trier para el tercer acto, que estas cosas están de moda". Y cuando el mejunje no podía sonar peor, me he dado cuenta al pausar la película a los 5 minutos de comenzar para googlear rápidamente quién era el culpable de su montaje —un desastre, de principio a fin— de que la habitual pareja de montadores que trabajaba con el coreano había sustituido a uno de ellos por otro nuevo, así como la guionista de sus últimos trabajos —siendo las dos ultimas incursiones en esa meticulosa examinación de la pareja los mejores sin duda alguna— se había reemplazado aquí por la friolera cantidad de cuatro guionistas, entre los que se incluye el director.

Si tras todo esto a alguien le queda algún tipo de esperanza por esta película, solo puedo desearle suerte y pedirle que se aventure en ella por si mismo. A los menos valerosos —no por ello menos astutos— o simplemente los que valoren bien 2h y media de su fantástica vida: Tomen otro camino. Alguno guiado por alguien que, como espectadores, les respete y no se ría de ustedes en cada cruce. Algún camino de bellos paisajes naturales que no requieran de filtros, música estruendosa en sus cascos ni otro aparatejo digital artificioso que les seduzca mediante una estilización vacua y absurda. 

Wicked: For Good (Jon M. Chu, 2025)

En este plano de Love Affair (1939) mostraba Mccarey el edificio frente a Irene Dunne gracias a un sutil desvelamiento del reflejo junto a ella. Algo así sucede prácticamente al comienzo de Wicked: For Good, donde un reflejo muestra esta vez a Grande en fuera de campo, justo para acto seguido hacer un contraplano que confirme su presencia en el lugar y dar comienzo desde ahí a un flashback.
Esta escena reúne y resume todo lo que la peli carga durante sus dos horas y 20 de metraje. En primer lugar, el único interés de la cinta es el su
jeto —el actor—, nunca el escenario —como era el caso de Mccarey—. No se aprovechan ni enfatizan los sets como podía llegar a hacerse en la primera a pesar de su iluminación —que no ha ido a mejor aquí por mucho que algunas escenas hayan sido algo editadas, sigue chirriando en la mayoría del resto—, todo son primeros planos de las caras de sus estrellas —ni siquiera hay coreografías como en la predecesora, prácticamente el sentido musical queda anulado y, aunque entiendo que esto es un problema desde el propio musical que adapta, las canciones de esta parte son horrendas en letra y sonido, más aún en puesta en escena—.

En segundo lugar, el corte. Un contraplano que no aporta información, un montaje caótico a más no poder durante toda la película, desastroso y rozando el anticine en más de una escena —parece salvarse en la única toma "larga" de la película, aquella en la que Grande sale al balcón tras romperse su ventana, pero una vez llega fuera y se topa con Erivo comienza otro juego de contraplanos donde, como en el resto de metraje, el raccord importa más bien poco, así como cualquier sentido compositivo—. Por tanto la repetición de planos sirve únicamente para alargar escenas, lo que conecta directamente con el tercer motivo, el flashback antes comentado. Y es que tal vez esta segunda parte sea más interesante y rica en profundidad que la primera —toda su representación de la caída del fascismo y todo el discurso del personaje de Erivo es notable: "me encantaría poder hacer como que no conozco la verdad, pero no podemos retroceder; tampoco podremos avanzar hasta que todos sepan lo que yo sé". Aunque luego el personaje de Grande replique el sistema antes implantado tapando a los habitantes la historia del lugar—, pero se siente tan predecible y estirada como, paradójicamente, apresurada. He leído que esta segunda parte dura la mitad que la película en el musical original, lo que termina por confirmar que la forma para contarlo aquí no ha sido la más habilidosa posible —ese flashback del que hablaba antes es uno de los muchos, reiterativos y prescindibles, que hay en el metraje—.

En general hay muchos más fallos que aciertos, diría que no veo más de estos segundos que el ya comentado. La película se la carga rápidamente el poco gusto desde dirección y lo mal rodada que está, la carencia absoluta de una puesta en escena y lenguaje cinematográfico —tras ese reflejo hay personajes que vuelven a reflejarse de forma super forzada en distintos espejos, hasta un total de 8 veces, para señalar los desdoblamientos y mentiras... tal vez sea este el máximo esfuerzo de la película por hacer algo con su imagen, y un plano que recuerda a este otro de Le Pont des Arts (Green, 2004), lógicamente con mucho menos estilo y gracia, y de forma completamente arbitraria— y lo mal que funciona como musical en sí mismo. Es por encima de todo una pena, notándose que podría haber sido más.

Le Pont des Arts (Green, 2004)
Alpha (Julia Ducournau, 2025)

Cerrando este artículo sobre tres películas que pareciera poco tienen que ver, pero coinciden en una mirada desinteresada hacia sus personajes e historias —y en el éxito del que están gozando—. Vuelvo a repetir estructura y la analizaré desde su primera secuencia —pues suele decirse que es algo definitorio de una obra y, como se está comprobando, es correcto—:

El primer plano de la película muestra unas grietas en el suelo que forzosamente se abren hasta introducirnos por ellas, saliendo por el otro extremo en un plano detalle de una herida. Es algo bastante típico del cine de Ducournau y que resume perfectamente esta y el resto de sus películas: Someter desde su posición creadora a sus personajes a las mayores atrocidades imaginables, sin importar la crueldad o la moralidad en ellas; y regodearse en el proceso desde el aparato formal —algo que se confirmará rápidamente en Alpha cuando un leve y lentísimo travelling recorra en primer plano el cuerpo muerto de un paciente fallecido mientras el pitido del hospital revienta los altavoces de la sala—.

Lo cierto es que Alpha a nivel formal no hace nada destacable, es bastante fea visualmente por una desaturación dada por un juego de saltos temporales, y la dirección de la cinta en general se siente bastante amateur. A pesar de todo, ha logrado interesarme en algunos momentos, cosa que nunca hubiese esperado de una película de Ducournau, y es principalmente en su lado más humano dentro del drama familiar que hay aquí presente —no es lo fundamental, pues el tronco de todo este artefacto es una pobre metáfora sobre el VIH, aunque hay cinco películas distintas mal mezcladas—. Sí, humano y Ducournau parece no ser algo muy compatible, pero sorprendentemente aquí se aleja del sentimentalismo y efectismo que la caracteriza —incluso me convencen esos hombres de mármol que vienen a ser su "body horror" de turno, esta vez con un aire que roza lo lírico, antes que lo nauseabundo—. Como digo, poco importa esto al quedar enterrado entre tantísimas capas de porquería y mensajes baratos, incoherentes y sin origen ni resolución alguna, pero aun así me parece la mejor película de la directora hasta la fecha —que no es mucho decir y ojalá y este sea su camino a seguir, con una mayor cohesión en las próximas.


Lamentablemente esta mirada y cierta crueldad inherente a ella abundan en el cine contemporáneo, y sorprendentemente tiene un gran éxito 
—ahí tenéis la última del cínico de Lanthimos en cartelera, al que un compañero le dedicó un valioso texto que podéis leer en el último post de la cuenta de instagram @aulacineuco—, tal vez sea esto lo que me ha aventurado a recopilar estas aquí —también las últimas que me han llevado esta semana a salas—.
¡Pero no todo está perdido! Siguen saliendo películas con un gran corazón. Mismamente, mientras Ducournau hacía taquilla, este fin de semana se ha popularizado un nuevo estreno de Netflix, Train Dreams, que resulta muy torpe narrativamente y complaciente en su forma... Pero ese es otro tema. Es una película honesta y bastante humana, así que bien por su éxito, son estrenos como este, el de Radu Jude o el de Fazendeiro donde hay que tener el ojo puesto.



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