El espectador atrapado: una lectura personal de Memorias del subdesarrollo (1968)
El espectador atrapado: una lectura personal de Memorias del subdesarrollo (1968)
Texto redactado por: Héctor Sosa Palencia
La primera vez que recuerdo ver llorar a mi padre fue el día que falleció Fidel Castro. La primera y única vez que creo haber visto a mi padre vulnerable en forma de lágrimas en mi presencia. Así creo conveniente empezar este artículo, con una frase que explicita, de forma directa o secreta, todo mi posible vínculo con Memorias del Subdesarrollo y cualquier producto que se relacione con la revolución cubana.
Siempre que percibo un producto con denominación de origen cubano mis sentidos se alertan, todo un bagaje de alabanzas se abre paso por mi memoria y de forma egoísta me hace sentir cierta pertenencia. Quizás mi adversidad hacia el patriotismo español me empuja a querer agarrarme a mis débiles raíces latinas, como un ejercicio casi envidioso y en donde realmente me siento un impostor. De todas formas, pese a esa romantización de la revolución en mi infancia, creo haber ganado con el tiempo, como todo ser humano en constante aprendizaje, un cierto pensamiento crítico más constructivo acerca del país.
Toda esta introducción personal me ayuda a definir el que yo creo que se trata del espíritu de la cinta, no pretende ensalzar de forma propagandística la revolución en sí misma, sino reflexionar los elementos de violencia estructural que azotan a los países del tercer mundo desde antes de esta. Además de incidir en las consecuencias de dicho sistema inestable, un sistema subdesarrollado que resulta en una sociedad rebaño que no tiene posibilidad de reparar en cuestiones ideológicas o cualquier ejercicio de carácter intelectual, ya que se encuentran demasiado ocupados sobreviviendo en precarias circunstancias.
Por ello, encuentro profundamente personal y esperanzador el visionado de la película Memorias del Subdesarrollo de Titón de Alea. Una película realizada bajo el mandato revolucionario —en 1968— que mantiene una esencia casi antropológica, partiendo de un punto de vista político bajo juicio ético. Resultando más en una película sobre el cambio y la revolución, más que un canto concreto sobre la revolución socialista.
La película se mueve por completo alrededor y a través de los ojos del protagonista. Se trata de una obra sobre la mirada, la observación. No es de extrañar sus referencias estilísticas a maestros clásicos de la mirada como Alfred Hitchcock o a Luis Buñuel. Este último le aporta tintes de ensoñación que refuerzan la focalización interna del relato, apelando a su imaginación y deseos. Aunque no en la intensidad de su anterior obra Muerte de un Burócrata (1966), donde además dedica en los créditos iniciales un agradecimiento por su aportación al cine a una ristra de directores con Buñuel a la cabeza. Mostrando que el maestro Titón además de director, es un amante del cine en general, lo que hace que tenga un estilo muy permeable por grandes autores anteriores.
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| Agradecimiento en los créditos iniciales de Muerte de un Burócrata (1966) |
En lo referente a Hitchcock hay que destacar a su gallina de los huevos de oro: Vértigo. Momentos entre el protagonista y su amante Laura remiten directamente al cine mencionado, con la amante probándose el vestido de la mujer. Pero esta vez no como una sustitución, sino de comparación, ya que su mujer no está muerta, sino que ha escapado del país por miedo a la revolución. De modo que ahí quedan enfrentadas las dos posturas que promueven el subdesarrollo de la isla: Laura —la cual es definida lapidariamente por el protagonista como el subdesarrollo en carne y hueso— que representa la cubana promedio golpeada por la pobreza y el constante cambio que la llevan a desarrollar ignorancia y tentativas arribistas; y su mujer que representa la élite capitalista completamente sumida en su individualismo capitalista que los hace huir para mantener su riqueza, siempre con buenas palabras hacia los Estados Unidos. Podríamos meter en este paquete también a su amigo Pablo y al protagonista en el pasado, que reconoce haber tenido una amistad inseparable con el mencionado Pablo y que ostenta cierto poder económico.
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Laura probándose el vestido de la mujer de Sergio duplicada por el reflejo, reminiscencia a Vértigo. |
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Pablo y su "desgarradora" pasión por el trabajo |
Sin embargo, el protagonista queda completamente en tierra de nadie entre las dos posturas. Sin duda tiene una base individualista que lo acerca como he dicho a la postura elitista. No olvidemos que desprecia a Laura por su ignorancia y que eleva todo lo que tiene que ver con la intelectualidad occidental, que finalmente concluye que su gran amor fue una europea, blanca y rubia que vive en Estados Unidos. También hay que destacar que los dos “amores” se tratan de chicas jóvenes, en el caso de Laura se conoce de primera mano que se trata de una menor, pero no debería sorprendernos que la chica rubia también lo fuera por su físico. Aquí el protagonista adquiere otra intertextualidad, la de Humbert Humbert de Lolita, esto se acentúa ya que la segunda chica comparte rasgos con la joven nínfula.
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La Lolita de Sergio |
Sergio posee la confusión propia del individuo que posee cierta conciencia de clase, pero pertenece a una clase acomodada. Estamos ante una herencia clara del dandismo romántico, un aristócrata desilusionado que idolatra el arte y vagabundea bien vestido por su ciudad, como máscara o coraza al gran vacío y crisis interior que posee. Su papel es quedarse en Cuba para ver qué ocurre, no para apoyar a cierto sector y participar activamente en la historia de su país, sino por mera curiosidad. Deambulando una ciudad que no parece suya, en un ejercicio casi documentalista de las calles de la Habana en los sesenta, mostrando rostros de la gente real que incluso miran a cámara.
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Personas reales de la Habana mirando a cámara. |
El protagonista es un pájaro que cree ser libre, pero nada más lejos de la realidad, no corre una suerte diferente que el pájaro enjaulado de su terraza, volar hacia abajo. Perderse, darse a la intelectualidad sin hacer nada significativo más que observar con un catalejo como la gente de a pie actúa. El personaje resulta no muy diferente personajes modernos -refiriéndonos a lo que se ha denominado la modernidad del cine- como Marcello en la Dolce Vita o la del fotógrafo protagonista de Blow Up. Todas películas que hablan de una sociedad moderna, expresando una actitud de confusión y pérdida de identidad ante un cambio inevitable.
Gracias a esta actitud del protagonista-narrador es que la película encuentra el espacio para la crítica política, no la propaganda. Aunque es innegable la ideología socialista que poseen ciertos pasajes del filme como el discurso de Fidel Castro sobre las amenazas nucleares de 1962, realmente sorprende la escasez de esta e incluso la revisión del sistema empleado para la revolución. El mejor ejemplo se encuentra en el corazón de la película cuando reflexiona sobre la moral colectiva revolucionaria a partir de la imagen del carnicero Calviño Insua. A partir de esto propone una crítica a la evasión de responsabilidad fruto de la extrema división del trabajo que ha permitido que una persona pueda ser verdugo en nombre de otras personas y estas evadan la responsabilidad de dichos actos. Esta crítica al sistema capitalista de Batista, al ser realizada mediante la teoría y la crítica ética —no la propaganda— hace que pueda ser utilizada en el otro sentido, cuando el individuo se esconda en el colectivo para esconder su culpa y responsabilidad.
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Superposición visual simbólica del protagonista y el pájaro muerto. |
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La "limpia" moral burguesa desentendida del verdugo en el extremo de la división moral del trabajo |
Por tanto, la tesis de subdesarrollo de la película se basa en la violencia realizada sobre los estados dominados siendo estos obligados al constante cambio. El verdadero subdesarrollo ocurre al imponer la ignorancia como la norma, el no permitirle al pueblo tener memoria. Por ello el protagonista se encuentra en su situación, como él bien menciona no pertenece a su sociedad porque recuerda demasiado, por ello está perdido, está muerto. No puede hacer nada para salvar a su patria de dicho destino y el carácter ominoso del final no parece hacernos creer que la revolución socialista sea necesariamente la respuesta. Esta simplemente supone otro cambio, empezar de cero una vez más.
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