Festival de Roma: Días 1 y 2

 Texto conjunto entre Héctor Sosa y Manex Martínez.

Ken (Yes!) - Nadav Lapid, 2025. Escrito por Héctor Sosa.

Durante estos tiempos que corren el mundo entero está promocionando y haciendo eco los puntos de vista palestinos sobre el conflicto en Gaza, completamente poderosos y necesarios -que quede por delante- y en mi opinión jamás insuficientes. Sin embargo, es de grata sorpresa encontrar un filme que aborde toda esta vorágine desde dentro, un punto de vista israelí sobre Israel y fuera de las garras propagandísticas del sionismo, un filme sobre que significa ser israelí en este momento histórico y tratar de seguir con tu vida mientras el gobierno de tu país comete un genocidio.

El objetivo de estas reseñas no es destripar las películas así que no entraré en detalles de la trama, solo puedo decir que abordará conceptos de pasividad y aplastamiento moral frente a la violencia estructural que puede ejercer un estado, ofreciéndote un bombardeo de pequeñas recompensas y distracciones hasta que acabas totalmente entumecido y diciendo a todo. Aunque estos conceptos que propone la película se subscriban exclusivamente al conflicto -de hecho, en palabras del director el proyecto se inició antes del 7 de octubre- perpetrado por el gobierno sionista sino a toda la sociedad contemporánea en general, entre otras cuestiones.


El director israelí es conocido por su atención a la condición humana llegando a mostrar pasajes que pueden incomodar y que se mueve con un gran ritmo entre en sobresalto energético a la pausa reflexiva con una dirección en mi opinión sublime, todas las decisiones técnicas de montaje, música y plano son de gran inteligencia. La película aboga por una dirección “no realista” muy sobrecargada con colores, situaciones extrañas y movimientos de cámara que distorsionan la imagen e impactan al espectador que se encuentra en una montaña rusa de sensaciones. Podría recordar en su inicio a películas como Climax -salvando las distancias sobre todo con la brutalidad de las imágenes, pero el rollo musical recargado podría emparentarse- o la incomodidad que Lanthimos intenta realizar sin mucho éxito últimamente.

Esta decisión de alejarse de la “realidad” supone realmente una decisión de una moral elevada, un intento -en palabras del director, ya que hubo un pequeño coloquio después del visionado- de no intentar realizar una copia aburrida de la realidad sino hacer catarsis artística por otros medios y otorgarle a la propia cámara una opinión al respecto. Sinceramente no tengo más que derretirme en elogios ante esta película, no puedo dejar de recomendarla y pediría a todo el mundo que pueda que se acerque a verla en su estreno y que saque sus propias conclusiones, ya que la considero una película que si no es muy importante por lo menos es interesante y enriquecedora. Es realmente clave para obtener una opinión mejor formada y crítica de la situación tener un punto de vista diferente pero que no deja de caminar en la misma dirección, condenar el horror sin caer en sensacionalismos. Sin duda es entretenida y nunca para de avanzar y de proponer así que no se asusten por las dos horas y media -mas o menos- de duración porque se hacen muy llevaderas. ¡No se la pierdan por favor!

 Put Your Soul on Your Hand and Walk Sepideh Farsi, 2025. Escrito por Manex Martínez.

En una de las primeras videollamadas entre Sepideh Farsi (directora iraní) y Fatima Hassousa, la palestina se pregunta los móviles a que responden las acciones del otro, aquel que pretende robarle esa “pequeña vida” que en varias ocasiones dice llevar en Gaza. Este es el punto principal de Put Your Soul on Your Hand and Walk (2025), el sufrimiento—tanto físico como psicológico, yendo ambos de la mano—, tratado además de una forma muy particular. 

Ambas protagonistas comparten algo. El pasado de Sepideh, del que tantos ecos quedan presentes—la revolución iraní del 79—tiene curiosamente algo que decir en un documental cuya brillantez se halla, a mi juicio, en la apelación que hace al resto de conflictos humanos en su mayor generalidad. Decisión que comienza ya con el inglés, empleado tanto como lengua vehicular entre ambas, como idioma de los comunicados oficiales israelís—que algo señala del conflicto palestino-israelí en particular—.  

Esta llamada internacional a la conciencia humana se presenta principalmente cuando Sepideh decide salirse del marco en que quedan inscritas dichas videollamadas, para presentar las fotografías y audios tomados por Fatima—decisión que a su vez funciona como ejercicio metacinematográfico y vuelve a recordar el poder de la imagen y sonido—alternada a su vez con un recurso dramático muy bien conseguido y que establece una conversación directa con el espectador. 

Pero resta una patente discordancia entre las dos. Diferencia que creo tener dos causas. La primera y más evidente—y por lo mismo, menos determinante—, la religiosa. Fatima en varias ocasiones recurre a las escrituras del Corán para buscar un sentido del sufrimiento propio, mientras dichas argumentaciones son puestas en duda por la directora. Pero este cuestionamiento no procede tanto de una diferencia de fe o creencia entre ambas como sí de una enorme brecha generacional que las distancia ideológicamente—en torno al principio, Fatima comenta entre risas que, en cuanto a la edad, Sepideh bien podría ser su madre, y esto resulta más importante conforme avanza el metraje—. 

En los mencionados cuestionamientos por parte de la directora, se deja entrever un escepticismo fruto de alguien que ha vivido años atrás circunstancias similares, alguien que, como afirma la protagonista, no se imaginaba una existencia fuera de su país—siendo esto último cuanto le ha podido ofrecer la vida durante los últimos cuarenta años—y que termina por ponerse de manifiesto, cuando compara las motivaciones del nuevo líder de Hamas con las de Netanyahu. Aquí se da la tesis del filme. Se sugiere un eterno retorno—verbalizado después del primer alto al fuego—que llama la atención al resto de países—y humanos en última instancia—. Esos microsegundos que sirven para ver la apertura de una cobertura informativa sobre la guerra de Ucrania.  

De nada sirve ofrecer razonamientos particulares a un problema general —y que se ha repetido allá donde han coexistido dos seres humanos—. El sufrimiento físico se presenta como primer Mal a evitar por cualquier ser humano. Idea que se prolonga—y desvía— hasta los estados de bienestar de las sociedades privilegiadas, donde la manipulación de las magnitudes de aparentes daños físicos elementales en pos de una idea de progreso que poco tiene ya que ver con su origen, es el motivo —y todos lo sabemos— tras el cual se excusa su no intervencionismo.  

Tal vez la cuenta de Instagram de Fatima nos tenga que decir algo al respecto, cuando vemos cómo su arte queda modificado —y supeditado— a las circunstancias materiales que lo envuelven y producen. Tal vez Sepideh defienda buscar una base material mínima sobre la cual cada humano viva y—como así lo consigue Fátima con sus fotografías— halle su particular sentido del ser y estar en el mundo. Una gratísima sorpresa para comenzar el festival. 

It's Never Over, Jeff BuckleyAmy Berg, 2025. Escrito por Héctor Sosa.

Auditorio lleno para el visionado de este maravilloso documental. Tengo una gran valoración de este debido a que creo firmemente que cumple su función en la medida que tanto yo como mi compañero no éramos fans de Buckley y hemos conseguido salir conmovidos y con un mayor entendimiento de su desarrollo personal, tan mediático como trágico.
Se hace un repaso por toda la vida del artista con testimonios de sus seres queridos y artistas que compartieron visión con el en vida. Es bonito y necesario ya que al parecer resuelve y deja bien testimoniados elementos de su vida que han sido muy malinterpretados por el boca a boca fruto de la desinformación como la razón de su muerte y su proceso de salud mental en sus últimos años.

Aunque dejando su valor documentalista a un lado puedo decir que es un absoluto goce escuchar la legendaria voz del artista en pantalla grande, realmente resulta una experiencia por lo que recomendaría ir a verla al cine. De todas maneras, formalmente el documental tiene un gran valor bajo mi punto de vista, me parece que juega al máximo con el medio incluso introduciendo animación original en yuxtaposición con fotografías y vídeos reales, con unos encadenados realmente bien pensados a mi parecer.

Sinceramente me parece una película realmente válida y que recomendaría su visionado no solo a fanáticos del artista sino a cualquier persona, especialmente si no conocía al artista ya que es una gran introducción y se te queda su voz y el álbum Grace grabado en la mente.

Kurosawa, la voie Redux - Catherine Cadou, 2025

Un bello homenaje de la mano de una de las personas más cercanas al trabajo del eterno cineasta japones.

Kurosawa, la voie redux (2025) se compone de una serie de entrevistas a once directores (Bernardo Bertolucci, Abbas Kiarostami, Martin Scorsese, Theo Angelopoulos, Alejandro González Iñárritu, Hayao Miyazaki, Clint Eastwood, Bong Joon-Ho, Julie Taymor, Shinya Tsukamoto y John Woo) acerca de la influencia del cine de Akira Kurosawa en sus trabajos.

Cada encuentro con Catherine Cadou revela algo de las carreras de dichos cineastas y sus intereses particulares a lo largo de los años, además de servir, en palabras de Bertolucci, como un desfile en reconocimiento a una de las figuras primordiales de la historia del medio.

Imprescindible si interesa cualquiera de los nombres mencionados.

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