Crítica: The Drama (Borgli, 2026)
No tenía un gran interés por la película antes de conocer el nombre del director tras ella, Kristoffer Borgli —quien sin apasionarme había logrado con sus últimos trabajos dejarme un buen sabor de boca—. Preveía, por tanto, pasar un buen rato con el enésimo drama romántico apuntalado exclusivamente por el magnetismo de su pareja protagonista —en la línea de lo que supusieron recientemente We Live in Time (2024), Die My Love (2025), dos obras que, sin aportarme mucho, también disfruté en cierta medida en su momento—. Sorprendente ha sido pues descubrir que tras las celebridades había una propuesta mucho más estimulante y compleja de lo esperado.
A pesar de que en su escena inicial —una presentación buenísima— me preocupara por cierta artificiosidad en el montaje, algo que he leído en otras críticas, considero que queda empleada de forma brillante. Es algo más transparente durante gran parte del metraje, pero explicita mediante barridos, zooms y otros medios varios algunos sentimientos a través de la imagen, de forma algo creativa, sin llegar a ser molesto ni cursi.
Sus dos protagonistas —Robert Pattinson y Zendaya— están igual de bien y guapos que las anteriores películas nombradas, pero es sin duda el elenco de secundarios el que ha terminado por conquistarme —Alana Haim, principalmente—.
Todos logran tener buena química y, en el caso de la pareja principal, resulta bastante bonito ver la amistad que precede y continúa en su romance. Se desarrolla sobre ella y genera una honestidad preciosa —en las miradas, las risas y las bromas entre ambos— y algo inédita en estas producciones, gracias en parte a los propios actores pero también a las ideas del director.
Borgli entiende bien que las mayores relaciones se construyen y reconstruyen sobre las imperfecciones, que tampoco son tal, sino quiebres de la imagen que idealizamos del otro. Y termina siendo la propia imagen un comentario sobre el que gira la película constantemente, de formas más explícitas —respecto a la propia relación de pareja— o más sutiles —los motivos que llevan al personaje de Zendaya a pensar en la tragedia, puramente estéticos—.
Habla, por ende, sobre la imagen, y por tanto sobre el cine. Sobre las miradas y algo que, como las películas, requiere ser visto para ser considerado como tal: Las bodas. Celebraciones-evento donde reina ese tipo de performance, una que gira en torno a la admiración de unos valores concretos —económicos—, y en última instancia sobre el amor. Borgli sabe reírse muy bien de ello, lleva varias películas haciéndolo, y aunque en ocasiones su sátira pareciera encaminarse hacia algo bastante cínico —con algún fotograma muy pictórico embadurnado en sangre que me ha llevado de forma asustadiza a pensar en Lanthimos/Östlund— sabe recular a tiempo y volver a un tipo de humor más sano, más humano —aunque no negaré por ello que quizá le hubiera sentado mejor reducir excesos—.
Por suerte no creo que haya nada de esos dos cineastas en The Drama —que sí explicita otros referentes como Bergman o Lynch, más a modo de guiño— y es este último adjetivo el que mejor describe la cinta en su totalidad: Humana. Logra incluso emocionar en su tramo final, que en principio me chirriaba al creerlo innecesario —pues se había explicitado ya todo en una mirada más sutil, la de Zendaya desde el mostrador—, pero vuelven a una performance que hace florecer una idea tan bonita como generosa, la de la segunda oportunidad. La de creer en el otro, en el humano, en la vida y en el amor.

.png)
.png)
.png)
.png)
.png)


Comentarios
Publicar un comentario