Crítica: THE ODYSSEY [La Odisea] (Christopher Nolan, 2026)
Uno entra a la película presuponiendo que habrá poco cine en ella —un cineasta preocupado por él no cedería a capitalizar por completo su producto, sólo visible en su totalidad para unas decenas de salas en el mundo, destruyendo para el resto de mortales el "lenguaje cinematográfico" que supuestamente desarrolla en la obra—, aun con la esperanza de poder pasar el rato con un blockbuster con bastantes facilidades para ser mínimamente espectacular, ya dado el material de origen —aclaro esto pues, sin ser Nolan santo de mi devoción, soy aún capaz de disfrutar de desastres tan grandes como el que fue Tenet—.
Lo que menos se esperaría de esto es —habiendo visto y aceptado a los 10 minutos de metraje el horroroso montaje que posee— que no se sintiera siquiera lo grande que debería ser, que no entienda ni un ápice del sentido de la aventura que difícilmente parecía borrable de la historia. Que sea capaz de quitar todo el interés de la road movie que es el texto de Homero y convertir 3 horas de metraje en una serie de eventos inconexos, horripilantemente estructurados, peor aún grabados —ya no por lo innecesario de los movimientos de cámara, los fondos desenfocados, los fallos de raccord¹ o el constante uso de contraplanos, sino por lo fea que resulta la imagen en todo momento y lo mal etalonado que está—. Que no haya un solo actor salvable a pesar de que la película se construya por y para ellos —no sabe tampoco abandonar el primer plano por más de 5 segundos—. Que la música machaque al espectador durante horas por no saber prescindir de ella —y cuando parece querer hacerlo en la escena de las sirenas, no se atreve a jugar con el silencio, e introduce más y más ruido—...
Thomas Moran - Ulysses and the Sirens |
Resulta ciertamente triste que obras así sean tan aplaudidas. Que el cine se llene por alguien que lo respeta tan poco. Que el público general sea a día de hoy tan inconsciente y por tanto causante de que su próxima desgracia multimillonaria se financie de igual manera. Honestamente, y habiendo sido objeto de debate conmigo mismo y con otros durante años, actualmente no siento envidia alguna de quien pueda sentarse y disfrutar de esto, de quien crea firmemente al salir que acaba de presenciar una obra maestra, algo mínimamente trascendente. Ya no por lo mediocre que pueda resultar a un nivel puramente cinematográfico sino por el resto de implicaciones, por ser uno de los tantos retratos de lo corrupta continúa la industria a día de hoy y los tantos intentos por parte del público de querer enajenar la política del arte —y es Nolan en esto tan culpable como Ulises de sus actos, tanto como cualquier otro artista con su obra: Desde el apoyo de Bardem a Palestina hasta la cuestión sionista que rodea la última película de Los Javis—.
Quedan pocos autores en el blockbuster que nos sigan permitiendo viajar desde las salas. Tal vez pocos fuera de George Miller o Tom Cruise, que ya pudiera considerarse otro. El principal problema de Nolan es tener un imaginario tan limitado, tan pobre que deba suprimir tanta información del plano, masticarla desde el diálogo, y centrar toda su atención en que el espectador siga mirando atento, en no perderle haciendo malabares. Y guiándole como a un niño pequeño termina él mismo perdido entre lo fantástico y lo realista, lo grotesco y lo edulcorado.
Por ello y tras rescatar este próximo párrafo del texto de Alonso Díaz de la Vega sobre la película de Nolan, propongo algunas de las que considero a día de hoy las mejores adaptaciones del texto de Homero, por si alguien ha arqueado la ceja leyendo este artículo y no entiende qué podría haber mejorado Nolan, o por si otros quieren tan sólo descubrirlas:
Por ello y tras rescatar este próximo párrafo del texto de Alonso Díaz de la Vega sobre la película de Nolan, propongo algunas de las que considero a día de hoy las mejores adaptaciones del texto de Homero, por si alguien ha arqueado la ceja leyendo este artículo y no entiende qué podría haber mejorado Nolan, o por si otros quieren tan sólo descubrirlas:
"Al final la pregunta más importante es: ¿dónde está el espectáculo, si el texto permanece antiguo, si las imágenes no deslumbran, si se diluye la vocación de mostrar? Es un misterio que se responde con otras películas, con otros cineastas. Nolan es un director que me repele porque no muestra su espectáculo; solo sabe prometerlo"
1. La mirada de Ulises (Theo Angelopoulos, 1995)
2. Nostos: il ritorno (Franco Piavoli, 1989)
3. Le Mépris (Jean-Luc Godard, 1963)
¹ Atención especial a cómo se planifica todo el tramo de Polifemo, a los cortes durante la despedida de Penélope y Ulises, y a la reutilización de algún plano que se duplica en la secuencia del bosque.


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