Crónica Festival de San Sebastián (74SSIFF): Días 3 y 4
Krux (Ulrike Vahl, 2026)
Javi Navas: Aceptando la tendencia de este año en la sección oficial hacia las historias de la Segunda Guerra Mundial, uno intenta al menos sumergirse y buscar algún lugar al que agarrarse en cuanto ve que la película de las 8 y media de la mañana vuelve a ser sobre ella. Lo cierto es que es imposible encontrar algo en Krux, ni a nivel formal ni argumental, e incluso llega a dar cierta vergüenza pensar en la remota posibilidad de que algo así opte a recibir un premio. Tiene su punto de gracia en el momento en que un abuelo deja claro que ahí que se suicide quien quiera pero que a él le dejen en paz con su rebaño, que ya lleva un par de guerras y le apetece seguir comiendo.
Coward (Lukas Dhont, 2026)
Javi Navas: Tan cansado de la grandeza buscada en el cine bélico he agradecido una barbaridad encontrar algo tan íntimo aquí. Las actuaciones —de 10— y la cámara en mano hacen que uno se sumerja de lleno en el grupo y el romance protagónico logra ir ruedas desde el comienzo.
Hay algunos momentos teatrales/musicales muy emocionantes, divertidísimos, de una belleza sobrecogedora. Así como algunas miradas y gestos más sutiles —la escena final queda para el recuerdo, sin necesidad de enfatizar emociones ni subrayar absolutamente nada—. Algunas decisiones momentáneas —como un contraplano innecesario de un cuerpo que ya se intuía fallecido antes de ser mostrado; o más relativas a la estructura y la brusquedad de sus cambios en ciertos puntos— no me convencen y no dudo que quizá quede algo edulcorada como retrato histórico, pero su historia y honestidad me atrapan por completo y no soy capaz de pedirle maldad. Es de agradecer que alguno de los cineastas que acuden al festival evolucionen en su filmografía y no den pasos hacia atrás con cada estreno.
The loneliest man in town (Tizza Covi, Rainer Frimmel, 2026)
Javi Navas: Rema a contracorriente del mayor porcentaje de cine contemporáneo tan sólo por querer dotar de dignidad a un personaje a través de la mirada. Una noble, honesta, y decidida a observar sin prejuicios. Una también muy heredera de Jarmusch y Kaurismaki pero con suficiente autonomía como para poder ver tras ella otras mentes.
El cine de Covi y Frimmel tiende a traer a la pantalla a aquellos que nunca tienen cabida en ella. Lo vuelven a hacer con esta película con muchísimo mejor pulso y una madurez formal admirable, casi irreconocible si uno se detiene ante sus anteriores proyectos, de una calidad muy cuestionable. Registran aquí un mundo al borde de la extinción, llenísimo de arte pasado y futuro, con un hombre a medio camino entre ambos mundos. Es por eso que su último plano reduce todo a lo mínimo que pudiera reducirse el cine: Luz, movimiento, y sonido. Unos rayos de sol atravesando una cortina que se tambalea mientras un tocadiscos concede al protagonista una última canción previa al abandono de su hogar—. Todo se detiene antes del corte a negro, pero de algún modo todo sigue avanzando.
Es una de las grandes películas de este año, a pesar de su pequeñez.
Les Roches Rouges (Bruno Dumont, 2026)
Héctor Sosa: El último film de Bruno Dumont supone un interesante experimento, aun siguiendo un poco la línea temática de su obra sobre la exploración del comportamiento humano. La obra gira esencialmente en torno a un grupo de niños extremadamente pequeños, de 4 a 5 años, los cuales realizan lo que les place sin normas, siendo dueños de sus actos como si fueran adultos. Sin embargo, no estamos ante ciencia ficción donde los adultos son niños, sino una situación de unos niños concretos que realizan dichos actos. La aparición de los adultos suele ser anecdótica y ridícula, hay claramente una barrera entre los dos mundos de comunicación y comprensión.
Respecto a la reflexión de actuar sin importar las consecuencias y si por seguridad realmente son necesarias las normas de los adultos, creo que Dumont propone el atrevimiento hermenéutico de la diferencia de mirada: no es que los niños no vean el peligro, sino que si no lo ven no lo hay. La existencia propia del peligro radica en el momento en que lo desvelas, y no necesariamente existía antes de verlo, oculto para los niños. Por ello, los niños interesan tanto a los filósofos -como Dumont por cierto que es profesor de filosofía- puesto que tienen una posición privilegiada de interpretación.
Esto, ya relacionándolo con otro tema importante de la película, la propia actuación buscada o encontrada de los niños, creo que enseñamos a los niños a que dejen de actuar. No hay que explicar a un niño la diferencia entre realidad y ficción porque simplemente no se mueven en esas categorías como diferentes. No creo que sea beneficioso buscar que está o no guionizado porque las dos cosas forman parte de un todo y la película como realidad lo acepta. Por último me gustaría hablar de la forma cinematográfica que posee, la cual me ha maravillado, tomándose su tiempo y deteniéndose en los rostros de los niños, que nos permite ver sus gestos y la verosimilitud que escupen. Los niños -como las personas ancianas- no son de hablar sino que se preocupan mas por mirar.
Por último y a propósito de mirar, me ha interesado enormemente los puntos de vista que tiene la cámara en la película. Esto es algo que no he terminado de interpretar y entender pero todas las veces que la cámara esta en un punto de vista digamosle posible o terrenal tenemos necesariamente cámara en mano, aunque sea un plano fijo. Y además yo creo que no tendrá ni estabilizador, se nota. Mientras que en muchas ocasiones obtenemos un plano super lejano y con una altura sorprendete, superlativa, casi como si fuera un dron pero es plano fijo. Parece la mirada de un ente divino o un demiurgo que observa y no sabemos si controla, quizás los niños no tienen tanto libre albredrío como creen. La película no para de crecer cada día que pasa, es impresionante.
Javi Navas: Preciosa en tanto que uno no discierne en ocasiones si son los niños quienes guían a la cámara o la cámara quien seduce a los niños; si alguien les dirige realmente o ellos van bozetando todo un guion increíblemente aventuresco. Todo es un enorme parque de juegos donde la infancia queda libre de cualquier atadura, las reglas se van maquetando desde cero y por ello resulta bellísimo que en torno a la inocencia nazca, en primer lugar y ante todo, el amor; los besos y los abrazos.
Lejos de los árboles (Maritxell Colell Aparicio, 2026)
Héctor Sosa: Maravillosa propuesta de la directora Colell Aparicio que se suma a la ristra de directoras medianamente nóveles que lanzan grandes películas sobre el recuerdo experimentando con la forma y mezclando la ficción con la realidad con una maestría sublime para su edad, como puede ser Vasconcelos por ejemplo con su Metamorfosis de los pájaros.
Aquí se aboga por un uso narrativo del sonido refrescante que muchas veces se independiza de la imagen y que muy ocasionalmente forma un collage maravilloso. No debe extrañar esta importancia del sonido ya que la trama circula alrededor de la antropología audisiva, donde también brilla la reflexión sobre la expresión musical de los idiomas y sus significados. En ciertos aspectos como he adelantado antes con la independencia del sonido y la imagen puede recordar a otra gran directoa como Marguerite Duras con la que comparte esa búsqueda de patria y pertenencia a tierras lejanas, aunque sin la extrema distancia temporal que propone Duras -quizás incluso hay una cierta referencia en el póster a India Song pero eso es interpretación mía-.
No me gustaría extenderme en exceso ya que quiero que cada uno la vea y saque sus propias conclusiones, lo unico quizá que tengan cuidado en el final ya que teme no comprenderse y se repite un poco, cosa que me puso bastante triste ya que la película estaba siendo completamente redonda en mi opinión. Hoy en día es bonito ver como las mujeres están llevando ciertamente la voz cantante en el cine, ofreciendo una mirada que no se les había permitido tener anteriormente y que resulta demasiado enriquecedora. Muchas ganas de ver lo que ha hecho y está por hacer.
Mugalim (Ayana Nurdinova, 2026)
Héctor Sosa: Tenía ciertas esperanzas en esta película, al ser nuevos directores, verla un poco desapercibida, de Kazajistán y con una imagen promocional que me entraba bastante por los ojos, me hizo convertirla en mi protegida personal del festival.
Ciertamente quedé emocionado en su arranque ya que me parece muy bueno moviendo la cámara de una manera sutil y precisa, luego cortando a la clase y grabando a los niños con una sutileza parecida a lo anterior mencionado y que quizás -salvando las distancias- podía ser parecida a Erice en Correspondencias grabanado la clase. Luego no es que tire todo por la borda pero se va desarrollando con mucha normalidad y acaba en el mismo nivel, ciertamente no malo pero tenía potencial para algo más.
Me gusta igualmente que salgan debuts así, puede ser una joya en potencia y creo que habla bien que en el debut haga algo como esto sin aspirar a la espectacularidad como hacen otros y simplemente buscar algo que tenga alma. Por ello, sigo teniendo fe y no me parece perder para nada el tiempo verla. También añadir que me ha gustado mucho su protagonista, tanto el personaje como la fotogenia del actor, creo que queda perfecto en la película.
In My Father's Room (Maha Harada, 2026)
Héctor Sosa: Me sorprendo al ver la polarización de opiniones sobre esta película, salí convencido de que era una obra bastante sólida que sabría destacar en una Sección Oficial especialmente floja este año. Igualmente me gustaría recomendaros la película y que entendaís por vuestros propios medios si os funciona o no.
La película formalmente no hace ninguna maravilla, se deja ver en mi opinión con algún plano interesante pero no tiene quizás una imaginación que sea digna de mención. Sin embargo, encuentro una trama bastante interesante, que aun sumergiendose en el segundo tema mas repetido del festival -la pérdida de un familiar y su redescubrimiento posterior a partir de lo que dejó- es capaz de darle una capa de pintura mas propia reflexionando sobre el arte y la poesía como ventana para un mundo nuevo y cómo podemos influir en los demás para ayudarlos a abrir dichas ventanas. Son temas que me interesan particularmente y que me hicieron inclinarme hacia ella sin reconocer que ni profundiza en exceso ni tiene una maestría particular. Si sois Rothkistas como yo, no podréis sino entregaros a ella. Os lo aseguro.
La belle année (Angelica Ruffier, 2026)
Javi Navas: Habrá una crítica exclusiva algo más extensa en el blog para la película. Corrí la voz rápidamente sobre ella al salir de la sala y varias personas me han comentado haber movido horarios para poder verla. Ninguno ha salido decepcionado. Probablemente sea, por desgracia, la gran tapada del festival.
Ruega por nosotras (Daniel Monzón, 2026)
Javi Navas: En cuanto en la presentación han dicho "franquismo", "basada en hechos reales" y "necesaria" hemos empezado a rogar por nosotros —no sabíamos de que iba la cosa antes de entrar—. Lo cierto es que luego ha resultado ser la película en la que mejor me lo he pasado en todo el festival porque no me puedo tomar enserio un remake de Zipi y Zape y el club de la canica.
Podría incluso haber sido mejor si no tirara de españoladas varias —personaje con acento andaluz para hacier gracietas— y principalmente si no la hubiera dirigido un hombre —tremendo querer dar voz a historias femeninas y que todos los personajes protagonistas cumplan todo estándar estético, así como lo de no poder construir ni confiar en una amistad entre mujeres—. Se vuelve bastante ridícula en cuanto todo se torna cine carcelario y su discurso se explicita —Los Domingos al menos tenía su gracia por la ambigüedad y el debate que pudiera generar—. Tampoco esperaba que el cine pudiera llegar a espectacularizar un suicidio con cámaras en drones. Probablemente sea una película que encante pero alegra coincidir a la salida con personas que pudieron tomársela irónicamente y disfrutar también de sus horripilantes 2 horas y media.
El deshielo (Manuela Martelli, 2026)
Héctor Sosa: La directora chilena Manuela Martelli continúa su saga de películas sobre la historia política reciente de Chile -tras su opera prima Chile ´76- con El deshielo: un drama ambientado en las córdilleras nevadas del sur de Chile en el año 92, ya sin Pinochet y con su emblemático iceberg en la Exposición Universal de Sevilla.
Su compromiso político es una asuencia muy presente, no te escupe ideología a la cara sino que se mueve por simbolismos y el fuera de campo. La historia trata de la desaparición de una esquiadora alemana que se encuentra allí entrenando tras interactuar con la joven protagonista, una niña chilena hija de un político importante y cuya familia regenta el hotel de la montaña. La película se va desarrollando con cierta maestría mutando de una especie de coming of age a drama de desaparición, desmoronando moralmente a todos los personajes hasta sus últimas consecuencias.
Es una clase de política que se cocina a fuego lento donde he interpretado que los chilenos comienzan en en su libertad política, tras la muerte de su dictador, a meterse en otra dictadura silenciosa: el capitalismo europeo. Se dejan vender al mundo en Sevilla, venden los terrenos a unos españoles para que edifiquen en la montaña y en general todo supone una llegada extranjera con alemanes que no hablan español heredando unas tierras que no son suyas. Lugareños como el camarero que nació allí en una familia que se remonta generaciones en dicho lugar trabajando para un europeo que acaba de comprar su tierra, cultura y vida. Deseoso de ver como evolucionan esta camada latina de directoras jóvenes porque estan entrando muy muy fuerte.






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