Crónica días 3, 4 y 5 festival de San Sebastián (73SSIFF)
Por Javier Navas González.
La película que más revuelo ha causado esta edición llegó esa noche de la mano de Alauda Ruiz de Azúa. Los Domingos logró lo mismo que Tardes de Soledad el anterior año: Reunir a todos los espectadores a las puertas de la sala a seguir discutiendo durante un largo tiempo sobre la película, su posición o ideas. Personas con ideas contrarias se habían llegado a sentir molestas por igual al pensar que la película hablaba desde el otro lado, pero al terminar la película todo eran dudas.
Entrando en el quinto día de festival, el primer visionado fue a su vez el más destacable. Lo nuevo de Milagros Mumenthaler, Las Corrientes, es también su mejor trabajo hasta la fecha. Un estilo muchísimo más depurado, más poético, con una independencia total de la palabra, delegando toda la narración en las imágenes y el sonido, y una espléndida actriz principal (Isabel Aimé Gonzalez Sola) que permite que esto sea posible. Entre ella y Laura Citarella, el panorama actual en el cine argentino parece que nos va a dar joyas durante bastantes años.
Siguiendo en la sección de Horizontes Latinos, Cecilia Kang presentaba Hijo Mayor, una ficción autobiográfica que a pesar de tener buenas intenciones y querer hablar de la inmigración desde su experiencia, termina extendiendo su metraje en exceso con piruetas narrativas y 15 minutos finales directamente documentales, de sus padres viendo fotografías antiguas, en los que la sala empezó a vaciarse lentamente.
El tercer día de festival era uno de los más complicados para nosotros: La tarde consistiría en correr de un cine a otro con un horario apretadísimo y el tiempo justo para salir corriendo al arrancar los créditos de cada película. Es lo que tocaba para cuadrar todo lo que queríamos ver, y a pesar del temor inicial, logramos llegar a tiempo a todo y no perdernos ninguna.
La mañana fue más tranquila, con una ligera decepción y una gran sorpresa. La iniciamos viendo La tarta del presidente (Hasan Hadi), que narra la tarea de una niña iraquí por conseguir los ingredientes necesarios para cocinar una tarta por el cumpleaños de Sadam Husein. Sigue la misma base que planteaba Kirostami con la primera película de su trilogía de Koker —y que también replicarían posteriormente otros cineastas como Makhmalbaf o Panahi— mostrarnos un país a través de un paseo por sus calles desde la inocente mirada de un niño. Desgraciadamente cae en la pornomiseria y no logra la sutileza de las otras, cerrando además con un espantoso final que se alarga en busca de lo lacrimógeno.
Afortunadamente vimos después La Grazia (Paolo Sorrentino), de la que esperaba más bien poco. Resultó ser una vuelta al Sorrentino más humanista, más elegante, rechazando esos trazos casi oníricos de sus últimos trabajos que le llevaban a una mayor irregularidad para muchos. Es el reverso trágico de Parthenope, la historia ficticia de un presidente de la república italiana —encarnado por un Toni Servillo que vuelve más impresionante que nunca— envuelto en un cúmulo de dudas y decisiones morales que deberá afrontar mientras trata de escapar de su pasado. Es divertida, honesta, emotiva, y tal vez uno de los trabajos más redondos de su autor.
La tarde de este tercer día no generó tanta emoción. El nuevo trabajo de Lafosse (Six Days in Spring) es correcto, como de costumbre, sin tirar cohetes. El último arrebato (Marta Medina, Enrique López Lavigne) es un documental ciertamente vacío —más aún teniendo en cuenta sus casi 2h de metraje—, que termina por enfocarse de más en sus propios autores y no tanto en profundizar en Zulueta, que es lo que a uno le interesa al sentarse a verlo.
Finalmente lo último de Kleber Mendonça, O Agente Secreto, sirve para pasar el rato, pero su premio en Cannes a mejor dirección y actor principal no quedan justificados. Un thriller político excesivamente largo, sobrexplicativo tanto en su narrativa como en su discurso, para que nadie se pierda a mitad de metraje, y en general nada que el director no hubiese hecho ya mejor y en menor tiempo con Bacurau.
El cuarto día no podía empezar mejor, pero para no repetirme aquí (pinchando sobre estas palabras) podéis leer directamente el propio artículo que le dediqué a la maravillosa película de Claire Denis, The Fence. Lejos de ser una obra menor en su filmografía —todo lo contrario—.
Seguimos con Ungrateful Beings, una película cuyos primeros 10-15 minutos parecen contener una honestidad y belleza sobrecogedoras, pero que poco a poco se pervierte hasta convertirse en una historia digna de la mente de Lanthimos. Aun así, y siendo bastante previsible entendidos los primeros plot-twists, me cayó en gracia y terminó sorprendiéndome para bien con su decisión de cierre.
También irregular era Franz, el biopic sobre Kafka de Agnieszka Holland, pero este resulta más difícilmente salvable. En la línea de la directora: Esteticismo vacío y una necesidad urgente de dejar de ser su propia guionista. Sus películas más aceptables son de hecho las que le escriben otros, porque por mucha invención y potencia visual que pueda alcanzar con sus imágenes, siguen estando vacías, y apoyan un mal texto que termina por no contar nada. Un montaje desastroso digno de tiktok y unos zooms salidos de un mal capítulo de The Office termina por rematar la catástrofe. Es una pena, porque hace ver que podría haber habido algún tipo de salvación en su segunda mitad, donde decide usar de vez en cuando alguna toma larga más sugerente, y donde los actores resaltan de mejor manera.
No quiero ahondar en ella o su conflicto pues creo que todos deben ir a su estreno en salas sabiendo lo menos posible, pero personalmente hay algo que no me funciona en ella. Un montaje algo catastrófico y una puesta en escena bastante poco sugerente me hacen pensar que no hay respuesta ante tales preguntas, que la directora no se ha atrevido a posicionarse ante todo esto, y personalmente me parecería una decisión cobarde. Aun así creo que es difícil que no haya dejado alguna pista por cualquier lado, por lo que volveré a ella a tratar de ver más allá de lo que comento.
Entrando en el quinto día de festival, el primer visionado fue a su vez el más destacable. Lo nuevo de Milagros Mumenthaler, Las Corrientes, es también su mejor trabajo hasta la fecha. Un estilo muchísimo más depurado, más poético, con una independencia total de la palabra, delegando toda la narración en las imágenes y el sonido, y una espléndida actriz principal (Isabel Aimé Gonzalez Sola) que permite que esto sea posible. Entre ella y Laura Citarella, el panorama actual en el cine argentino parece que nos va a dar joyas durante bastantes años.
Siguiendo en la sección de Horizontes Latinos, Cecilia Kang presentaba Hijo Mayor, una ficción autobiográfica que a pesar de tener buenas intenciones y querer hablar de la inmigración desde su experiencia, termina extendiendo su metraje en exceso con piruetas narrativas y 15 minutos finales directamente documentales, de sus padres viendo fotografías antiguas, en los que la sala empezó a vaciarse lentamente.
A medio día tocaba ver una de las más esperadas tras su paso por Venecia: La voz de Hind. Admito que por algún motivo no sabía hasta llegar los créditos que la película era de Kaouther Ben Hania, pero me encajaron bastantes cosas con el dato. La película escenifica mediante unas grabaciones de audio real la llamada telefónica de una niña de 6 años en Gaza pidiendo auxilio. Creo que todos entramos a la película en una especie de pacto donde había que dejar lo cinematográfico a un lado, porque lógicamente aquí hay algo más grande e importante que todo eso, y claro, por norma general todo el mundo saldría de la sala con cierto mal cuerpo, conmovido por la historia, pero no pude abstraerme del todo durante el visionado y empecé a dudar de su artificio, a cuestionar incluso la ética de todo este mecanismo. Me llevé una sorpresa al salir y, con cierto miedo por parte de todos, comparar opiniones y ver que no pocos llegamos a la misma conclusión. Eso sí, también coincidíamos en que será un debate que es mejor dejar para más adelante, porque no es fácil ni agradable posicionarse "contra" una película así. Lo cierto es que no hay mucho que sacar de ella, tampoco va a salir nadie sabiendo algo nuevo, es tan sólo la recreación de un caso real entremezclando los audios reales con algunas imágenes dignas del cine de Bayona.
Cerrando el día con películas presentadas por sus directores: La tour de glace (Lucile Hadžihalilović) y Estrany Riu (Jaume Claret Muxart). La primera anda quizás un poco perdida desde Earwig (2021), excediéndose en lo narrativo a pesar de su increíble capacidad para crear mundos y atmósferas. Aquí retoma un poco lo de aquella película, depurándola ligeramente, haciéndola minimamente comprensible y manteniendo el poderío visual al que acostumbra. Jaume por su parte, en su primer largometraje, mantiene el nivel visual de sus cortos, que ya apuntaban maneras, y aunque su romance no aporte nada nuevo en términos narrativos, nos hace ver que es capaz de contar una historia tierna y honesta con unas imágenes realmente evocadoras, narrando mediante ellas, lo cuál sumado al tempo que maneja la cinta la convierten en una imperfecta pero interesante rara avis del cine de nuestro país.






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